Dos jardines pueden tener muebles pequeños, materiales de madera y la palabra Montessori en la entrada. Durante una visita, ambos pueden parecer acogedores. Las diferencias importantes aparecen cuando preguntamos qué puede hacer un niño allí, quién lo acompaña y cómo responde el adulto cuando algo le cuesta.

Llamarse Montessori no acredita por sí solo una buena implementación del método. La forma de llevarlo a la práctica importa. En un estudio con niños de tres a seis años, Lillard (2012) encontró mayores avances durante el año escolar en funciones ejecutivas, lectura, matemáticas, vocabulario y resolución de problemas sociales en los programas Montessori clásicos de mayor fidelidad que en los otros programas incluidos en la comparación. Esa asociación ofrece una razón para mirar cómo se aplica la propuesta en cada jardín.

La Association Montessori Internationale (AMI) publica estándares para orientar esa implementación, los que se han convertido en el criterio para certificar un establecimiento Montessori en Estados Unidos y Canadá. Las preguntas que compartimos aquí se apoyan principalmente en los criterios de AMI e invitan a mirar cómo se relacionan el niño, el adulto y el ambiente a lo largo del día.

Lleva las mismas preguntas a los lugares que visites y pide ejemplos que te permitan imaginar a tu hijo en ellos.

¿Quién guía el ambiente y cómo se formó?

Pregunta quién estará a cargo del ambiente, qué formación Montessori tiene y para qué etapa se preparó. Un diploma AMI o una credencial AMS para el nivel correspondiente son referencias verificables de formación. Si se presenta otra formación, pide conocer la entidad que la respalda, los requisitos y la práctica supervisada que incluye. Un diploma de guía y una formación de asistente corresponden a funciones y responsabilidades distintas.

AMI describe a la guía como una observadora que conoce a cada niño, presenta los materiales cuando corresponde y ajusta su ayuda. Esa preparación debería poder reconocerse en sus decisiones. Si preguntas qué harían con un niño que evita siempre una actividad, una respuesta con ejemplos te permitirá comprender mejor su trabajo.

Pregunta para la visita: ¿Quién conduce este ambiente y cómo decide qué presentar a cada niño?

¿Qué puede hacer con los materiales?

Observa si el espacio permite que los niños alcancen lo que necesitan, se muevan y se hagan cargo de sus actividades. Un ambiente preparado ofrece oportunidades de actuar: llevar una bandeja, servir agua, ordenar después de usar algo, formar palabras o explorar relaciones entre cantidades.

AMI incluye entre sus criterios disponer del conjunto completo de materiales correspondiente a la etapa. Pide que te muestren uno y expliquen qué aprende el niño al utilizarlo, cómo se lo presentan y qué puede descubrir al repetirlo. Eso permite mirar el sentido pedagógico de lo que hay en las repisas. La madera o una sala bonita, por sí solas, no explican esa experiencia.

Pregunta para la visita: ¿Pueden mostrarme un material y contarme cómo lo usaría mi hijo?

¿Cuánto tiempo tiene para concentrarse?

Un niño puede necesitar varios intentos antes de encontrar cómo resolver algo. Pregunta cómo se organiza la mañana y qué ocurre cuando está concentrado y llega la hora de otra actividad.

Los estándares AMI contemplan para Casa de Niños ciclos de trabajo de tres horas sin interrupciones. Ese tiempo permite elegir, moverse, repetir y pasar de una actividad a otra (no exige permanecer sentado ni realizar una sola tarea durante tres horas). Para los más pequeños, los tiempos y cuidados se organizan de otra manera.

Pregunta para la visita: ¿Cuánto tiempo continuo tiene este grupo para realizar actividades Montessori y cómo protegen la concentración?

¿Cómo conviven la libertad y los límites?

En un ambiente Montessori, los niños pueden elegir entre las actividades que la guía les ha presentado. Esa libertad convive con aprender a cuidar los materiales, esperar y respetar a otras personas. Mira qué oportunidades tiene el niño de decidir y cómo lo ayudan a asumir las consecuencias de sus acciones.

Para conocer el trato del equipo, pide un ejemplo: dos niños quieren el mismo material, uno interrumpe a otro o se frustra. Escucha cómo describen la ayuda que brinda el adulto y qué esperan que el niño vaya aprendiendo. Esa conversación puede decir más sobre la convivencia que cualquier declaración general.

Pregunta para la visita: ¿Cómo acompañan un desacuerdo sin resolverlo todo por los niños?

¿Qué aporta convivir con distintas edades?

AMI organiza los ambientes según etapas del desarrollo. La Comunidad Infantil acompaña a los niños que ya caminan y están desarrollando lenguaje y autonomía; Casa de Niños acompaña la etapa siguiente, hasta alrededor de los seis años. El paso considera el lenguaje, el movimiento, la autonomía en el baño y la manera de participar, con observación de las guías y diálogo con la familia. Convivir con distintas edades permite que los más pequeños observen a otros y que quienes tienen más experiencia puedan enseñarles y consolidar lo aprendido.

Pregunta cómo se conforma hoy el grupo y cómo preparan actividades para sus distintos momentos de desarrollo. Un grupo heterogéneo requiere atención a lo que cada niño necesita y a las relaciones que se construyen entre ellos.

Pregunta para la visita: ¿Cómo participa un niño que recién llega junto a quienes llevan más tiempo?

¿Cómo sabrás que conocen a tu hijo?

La observación permite reconocer lo que cada niño ya puede hacer, lo que le interesa y dónde necesita apoyo. Esa información ayuda al adulto a decidir cómo acompañarlo. Pregunta qué registran y cómo conversan contigo sobre los avances y las dificultades.

Puedes proponer una situación de tu hijo: le cuesta separarse o pide ayuda antes de intentar algo. Escucha qué querrían saber de él y de tu familia antes de responder. También pregunta cómo preparan la adaptación y cómo acuerdan contigo los pasos siguientes.

Pregunta para la visita: ¿Cómo me mostrarán lo que está aprendiendo y cómo podremos conversar cuando algo le cueste?

Si puedes observar un ambiente en funcionamiento, acuerda con el jardín una forma de hacerlo que cuide a los niños y su actividad. Una visita breve será siempre una mirada parcial. Anota qué pudiste ver, qué te explicaron y qué necesitas volver a preguntar.

La confianza crece cuando puedes relacionar lo que el jardín dice con lo que hace. Trae las preguntas que importan para tu familia, conoce al equipo y recorramos juntos los ambientes.

Coordina una visita a Aurora en Reñaca: https://auroraed.org/admisiones/#solicitud

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